“Un sublime aliento al pueblo infundió”

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“GRITEMOS CON BRIO (bis) ¡MUERA LA OPRESIÓN! (bis)
COMPATRIOTAS FIELES, LA FUERZA ES LA UNIÓN;
Y DESDE EL EMPIREO EL SUPREMO AUTOR,
UN SUBLIME ALIENTO AL PUEBLO INFUNDIÓ.”

Yo mismo infundiré fuerzas a mi pueblo, y en mi nombre se pondrán en marcha, palabra del Señor” (Zacarías 10:12).

En mis lecturas bíblicas diarias, encontré este versículo acerca del pueblo de Judá, refiriéndose a su regreso de la cautividad, la reconstrucción del templo, de la ciudad y su lucha por la libertad.

Puede aplicarse a diferentes periodos en el que el pueblo de Dios recibió fuerzas para liberarse de la opresión de sus enemigos, por ejemplo, la rebelión de los Macabeos en el periodo intertestamentario. Creo que Dios mismo da fuerzas a los pueblos para librarse de gobiernos opresores.

La segunda estrofa de nuestro Himno Nacional pareciera que da esa idea.

Solo Dios puede dar las fuerzas o infundir al pueblo el aliento para luchar por su libertad.

Si Dios mismo da las fuerzas a los venezolanos para luchar y conquistar su libertad de la opresión y el enseñoreamiento de sus gobernantes; nada podrá impedirlo.

Las intimidación, la represión, las trampas y cualquier artimaña que utilicen, no podrán detener la fuerza de un pueblo unido y alentado por el mismo Dios.

Él gobierno tiene la fuerza de las armas: el pueblo tiene las fuerzas de su alma sedienta de libertad; la fuerza de la razón que no le permite aceptar el empobrecimiento, la ruina y la miseria que no es originada por fenómenos naturales, sino por la ineficiencia, ineptitud, engaño y corrupción de los que le gobiernan; la fuerza de un corazón que gime viendo el aumento desmedido de personas en la calle pidiendo limosnas, de familias despidiendo a sus seres queridos que se van a vivir y trabajar en otros países y los muertos y presos por la represión; la fuerza moral de un pueblo que clama por justicia y verdad y las fuerzas espirituales de un pueblo que ora, pidiendo a Dios misericordia y auxilio en las aflicciones y tribulaciones y con una gran esperanza en la Soberanía, Santidad y Gloria del Señor.

Señor, bendice a Venezuela e infunde el aliento y las fuerzas para vivir, luchar y triunfar.
“Y a mí, que estoy pobre y afligido, ¡no me olvides, Señor! Tú eres mi ayuda y mi libertador; ¡no tardes en responderme, Dios mío!” (Salmo 40:17).

Pr. Ysac Eleazar Bermudez / 24-07-2017
Presidente de la Convención Nacional Bautista de Venezuela