Mujer, Jesús sí que sabe cómo tratarte!!

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Ayer, conversando con una hermana, tuve la oportunidad de compartirle algunas ideas en relación con el relato de Jesús y la mujer samaritana. No es la primera vez que leí este pasaje de Juan 4, pero si, una ocasión para detenerme a pensar en la forma tan magistral en que El Señor, desde su humanidad, fue capaz de dirigirse, atender, escuchar y suplir las necesidades de aquella.

En ese contacto podemos ver a Jesús procurando la atención integral de la mujer. Salta las barreras sociales, se dirige a una, con quién por ser judío, no debía tener contacto, ya que ella era de Samaria; y además, bien conocido por todos, la socio-cultura tenía sus limitaciones para dirigirse a una mujer.

Por otro lado, le vemos aprovechando una circunstancia física, ella venía por agua, Él tenía sed. No pasa por alto la ocasión, sino que por el contrario, la utiliza como un puente para acercarse a ella.

Una vez generada la conversación, sin desaprovechar ocasión, le habla a la dimensión espíritual ” Si supieras lo que Dios puede dar, y conocieras al que te está pidiendo agua …tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua que da vida” Le ofrece una solución definitiva a su vida.

Finalmente, pero no menos importante, le demuestra que tiene interés y que conoce su situación emocional. Él sabe todos los asuntos de su vida íntima, sabe con detalle su necesidad relacional.

Luego de releer y de meditar, de coversar con Dios, estoy segura de lo siguiente:

1. Jesús esta interesado en mi y en toda mujer, sin importar las barreras que la sociedad hoy nos impone, o que, en otro sentido, nosotras mismas permitimos nos sean impuestas. Jesús nos acepta en el estado civil que lleguemos a Él, en los distintos roles y funciones que ejecutemos (estudiantes, amas de casa, empleadas, servidoras, hijas, etc); nos ama sin importar nuestro aspecto (talla, estatura, moda, edad, posesiones, etc). El no cumple los standares sociales para recibirnos en sus liberadoras manos.

2. Conoce de qué tenemos necesidad. En ello también se manifiesta. Nos habla. Nos provee. Nos carga en sus manos, para que sepamos que debemos depender de Él.Nos recibe con manos abundantes.

3. El nos ha formado con nuestras caracteríticas como mujer. No es una torpeza los que somos o sentimos. Eso sería ir en contra del género que Él nos dió. Sabe cómo sentimos, cómo pensamos, cómo actuamos; que esperamos ternura, un trato amable y respetuosos. Acaso Él custionó a la mujer samaritana? EL LE DIJO: “Bien has dicho que no tienes esposo. Es cierto que has tenido cinco, y el que ahora tienes no es tu esposo. En esto has dicho la verdad..” No le planteó soluciones, se identificó con su situación. Sabe que requerimo compañía, amor. Nos recibe en su seno y nos da la mejor presencia, el mejor afecto, una singular relación.

4. Es la provisión constante, abundante, pura, fresca de todo lo que necesitamos. Si, de TODO. Al revelarse ante ella como el agua viva, le estaba diciendo: Mujer, yo te conozco, sé cómo eres, te he formado, sé de qué cosas tienes necesidad. Toma del “agua” que yo te estoy ofreciendo, así no tendras necesidad de ninguna cosa, ni en lo social, ni en lo físico, ni en lo emocional, ni en lo espíritual.

Luego de esto, qué creen? No puedo menos que alabar a Dios por su gran amor, con el que me formó, con el que me salvo, con el que me escogió, con el que me ha embellecido, con el que me envía a compartir con otras mujer la obra que está interesado en hacer en nuestras vidas, como mujeres e hijas suyas.

Msc. Tamar Elisa

Rectora (int)

Seminario Teológico Bautista de Venezuela