Amabilidad

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“Que su amabilidad sea evidente a todos…” (Fil. 4:5)
Conviene revisar mucho de lo que hacemos en nuestras reuniones, la mayoría de las veces con buena intención, para discernir si son o no apropiadas…

  • + Es poco amable negar una sonrisa a quien nos visita, sea o no seguidor del Señor.
  • + La gentileza no atosiga, asfixia o empalaga…, es mesurada.
    + ¿Se sienten todas las personas cómodas, de una, cuando se les pide tomarse de las manos, abrazarse o besarse? Esto varía entre culturas, pero también en personalidad y formación… A algunos les resulta admirable y grato, pero sería una pena que alguien no regrese por falta de tacto nuestro…
    + “Ustedes los inconversos” no saben, no son, no están… Nuestras nociones nos parecen suficientes para etiquetar a los demás, como si eso nos hiciera más santos y fieles… ¿Es realmente necesario referirse a alguien en tales términos? Parece que lo que nos interesa es parecer muy “correctos” en el decir, aunque sea poco amable. Nos parece imposible hacer caminar juntas: fidelidad y amabilidad. Para construir un puente, se necesitan dos partes. No solo queremos ser “correctos”, debemos comunicar apropiadamente al otro. Y, parece mentira, en las relaciones humanas todo comunica, incluso el silencio. Solo hay comunicación cuando soy capaz de conectar con el otro, “no conectar al otro”
    + “Todos los demás somos de casa…”. ¿Qué? Es decir, ustedes allá, nosotros somos los de acá… Otra vez, sin malicia y sin querer, podríamos estar levantando paredes sicológicas con la gente
    + “¿Nos puede decir su nombre, de dónde viene y quién le invitó?” ¡Qué importa! Convengamos, las cosas pudieran variar, dependiendo de la cultura, el tamaño de la congregación, la naturaleza de la reunión, el tamaño de los reunidos, el factor etario, y otras tantas dinámicas más. Pero, otra vez, estoy seguro que quienes lo hacen solo quieren llamar a la gente por su nombre, saber algo de ellos e identificar su contacto con alguien de la comunidad… Pero, ¿hemos pensado lo que el orto piensa y siente? ¿Y si no quiere que sepan que está ahí? ¿Y si sufren de miedo de hablar en público, o tiene alguna condición que se los dificulta? ¡Dígame cuando se pide que le pasen el micrófono!
    + Un asunto más complejo, pero que debería ser tema de conversación y ponderación, cuando coinciden reuniones con cena del Señor y reuniones de asunto… “Usted no puede”. – “¿Por qué?” – “Usted es ‘inconverso’ y ‘mundano’, además no está en comunión ni con Cristo ni con nosotros”. En fracciones de segundo, se dan sudoraciones, cambios de color, diálogos incómodos y discusiones teológicas…

Solo pienso en voz alta de esas cosas que con el tiempo en el ministerio pastoral uno observa… La primera persona que saluda a alguien que visita es fundamental. La iglesia debe preparar integralmente a sus ujieres y demás servidores. Los directores de culto también deberían formarse integralmente, igual los predicadores. ¡La congregación tiene que ser educada! El clima de nuestras reuniones, la disposiciones del lugar, la semiótica, el volumen de la música, el tamaño y forma de las letras que se proyectan, el carácter y el contenido de las canciones, la iluminación, y en especial el trato de la gente, todo, debe reflejar que estamos reunidos en el nombre del Dios trino y en la comunión de su Espíritu de vida, amor y esperanza.

Claro está, estas son apenas disposiciones humanas, pero son dignas del Dios que adoramos (Dios de orden y dignidad) y tienen que ser gratas para quienes vienen a compartir con nosotros. Hay, se espera, otras dinámicas que son obra de Dios, de su Espíritu y su palabra. Dejemos a Dios hacer su parte, hagamos nosotros la nuestra. “Hagamos con otros lo que nos gustaría hicieran con nosotros”.

¡Sean todos bienvenidos!

Pr. Richard Serrano

Primera Iglesia Bautista de San Antonio de lo Altos