Biblia, Justicia y Paz

Home / Articulos / Reflexiones / Biblia, Justicia y Paz

La formula de Dios para reconstruir las relaciones.
En un mundo en el que, a diario, la injusticia y la violencia atentan contra la vida, los clamores por justicia y paz no se hacen esperar. ¿Qué se entiende por “justicia” y “paz”? ¿Por qué escasean tanto hoy? ¿Quiénes las buscan y por cuáles medios? ¿Tiene la Biblia algo qué decirnos al respecto?

El carácter de Dios es el fundamento para la comprensión bíblica de la justicia y la paz. Decir que Dios es justo es afirmar que hay consistencia moral en su ser, hacer y decir. Dios siempre obrará y dirá lo correcto, sin parcialidad ni prejuicios.
“Dios es un juez justo, siempre enojado con la gente malvada” (Sal. 7:11).
“Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí” (Isa. 45:21).
“Justicia y juicio son el cimiento de tu trono; misericordia y verdad van delante de tu rostro” (Salmo 89:14).

Dios nos diseñó para relaciones saludables, basadas en la justicia y la paz. Estas relaciones implican comunión recta con Dios y con toda su creación.
“Y Dios creó al hombre a su imagen. Lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó” (Gén. 1:27).
“Y dijo Dios: ‘¡Miren! Les he dado toda planta que da semilla y que está sobre toda la tierra, y todo árbol que da fruto y semilla. Ellos les servirán de alimento’… Y vio Dios todo lo que había hecho, y todo ello era bueno en gran manera” (Gén. 1:29, 31).
“Y el Señor le dijo a Caín: ‘¿Dónde está tu hermano Abel?’ Y él respondió: ‘No lo sé. ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?’ Y el Señor le dijo: ‘¿Qué es lo que has hecho? Desde la tierra, la voz de la sangre de tu hermano me pide que le haga justicia'” (Gén. 4:9-10).
“No seas injusto en el juicio. No favorezcas al pobre ni complazcas al poderoso. Trata a tu prójimo con justicia” (Lev. 19:15).

La justicia y la paz están íntimamente ligadas, como la rama a sus frutos. ¡No hay paz sin justicia!:
“Se encontrarán la misericordia y la verdad, se besarán la justicia y la paz” (Sal. 85:10).
“Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre” (Isa. 32:17).

La desobediencia humana estorbó el diseño divino original y afectó todas las relaciones de sus criaturas.
“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad… Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican” (Rom. 1:18; 28-32).
La justicia y la paz son construcciones diarias, y no meros ideales. “Juzgar” y “pacificar” son acciones concretas para restaurar relaciones justas, en todas las dimensiones y ámbitos de la vida.
“Y el fruto de la justicia se siembra en paz para los que trabajan por la paz” (Sant. 3:18).
“Al Señor le repugnan las pesas falsas, pero le agradan las pesas cabales” (Prov. 11:1).
“El Señor imparte justicia y defiende a todos los que sufren por la violencia” (Sal. 103:6).
“Yo, el Señor, he dicho: Practiquen la justicia y el derecho. Libren de sus opresores a los oprimidos. No engañen ni roben al extranjero, ni al huérfano ni a la viuda. No derramen sangre inocente en este lugar” (Jer. 22:3).
“Quien dice la verdad proclama la justicia, pero el testigo falso propaga el engaño” (Prov. 12:17).
“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mat. 5:9).
“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Heb. 12:14).

Los esfuerzos humanos por la justicia y la paz tienen su valor y sus límites. Se debe apoyar toda acción justa y pacificadora, sin olvidar que, sin la ayuda de Dios, aunque tratemos decididamente con las consecuencias, somos incapaces de llegar a la raíz del problema, que es de naturaleza moral y espiritual.
“Todos nosotros estamos llenos de impureza; todos nuestros actos de justicia son como un trapo lleno de inmundicia. Todos nosotros somos como hojas caídas; ¡nuestras maldades nos arrastran como el viento!” (Isa. 64:6).
“Pero, según sus promesas, nosotros esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, donde reinará la justicia” (2 Ped. 3:13).
La propuesta de Dios para reconstruir relaciones basadas en la justicia y la paz está a nuestra disposición. Sólo Cristo puede restaurar todas nuestras relaciones y conformarlas al diseño divino original:
“Porque el reino de Dios no es cuestión de comida ni de bebida, sino de justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Rom. 14:17).
“Porque un niño nos ha nacido, ¡un hijo nos ha sido concedido! Sobre sus hombros llevará el principado, y su nombre será ‘Consejero admirable’, ‘Dios fuerte’, ‘Padre Eterno’ y ‘Príncipe de paz’. La extensión de su imperio y la paz en él no tendrán límite. Reinará sobre el trono de David y sobre su reino, y lo afirmará y confirmará en la justicia y el derecho, desde ahora y para siempre” (Isa. 9:6-7).
“La justicia de Dios, por medio de la fe en Jesucristo, es para todos los que creen en él” (Rom. 3:22).
“Así, pues, justificados por la fe tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien tenemos también, por la fe, acceso a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos regocijamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Rom. 5:1, 2).

Pr. Richard Serrano

Primera Iglesia Bautista de San Antonio de lo Altos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *