Una respuesta para Venezuela y el Mundo

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Amando a nuestro País con el mismo amor que nos tiene Dios…

El libro de Jonás en la Biblia me desafía siempre que la leo o pienso en el. La historia es de un siervo de Dios, profeta, mensajero al cual Dios le entrego una tarea de comunicar lo que le había dicho a las personas de la ciudad de Nínive. Porque Jonás no quería a la gente de esa ciudad, rechazó la oportunidad de ser obediente y huyo en dirección opuesta y en vez de ir a Nínive, se dirigió a Tarsis.

Al subirse a la barca para huir, Dios hizo levantar una tormenta. Cuando todos estaban en peligro y parecía que iban a morir, echaron suertes y descubrieron que Jonás era la razón de su terror. Al darse cuenta que ya no había como huir, Jonás se levanto y declaro: “Soy hebreo y temo al Señor, Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra firme.” El era el único que creía en Dios y su desobediencia puso en peligro a todos los que no conocían o creían en Dios. Jonás les dijo que echándolo al mar todo estaría bien y solo cuando lo echaron al agua, quitándolo de la barca, la tormenta seso y las olas se calmaron y todos a bordo “temieron de gran manera al Señor y ofrecieron un sacrificio y hicieron votos.”

Esta realidad me hace preguntar; ¿Qué pasaría hoy en mi ciudad o en mi país si así como lo hicieron con Jonás, me tirasen por la borda al agua o me quitasen de la ciudad en qué vivo? Si he sido desobediente a Dios, los que permanecen; ¿harían promesas al Dios verdadero como lo hicieron los que estaban en la barca? ¿Las circunstancias de mi comunidad, ciudad o país mejorarían? Creo que es necesario que podamos reconocer que Jesús es quien tiene toda la autoridad en el cielo y en la tierra por lo que deberíamos ser obedientes a El para ser de bendición a todos los que nos rodean.

Creo que cuando nuestras comunidades, ciudades y países pasan por malos momentos lo primero que hacemos generalmente es criticar a los demás e intentamos quitar la espina del ojo de otra persona cuando en realidad deberíamos estar mirándonos en el espejo y con total sinceridad evaluar nuestra propia posición frente a Dios. ¿Hemos sido obedientes? ¿Estamos haciendo lo que Dios quiere?

¿Qué es lo que Dios quiere? Entiendo que muchas veces podemos complicar las cosas, así que intentare simplificar las cosas. Por favor no se ofenda con la simpleza de pensamiento, sino, acompáñeme y evalúe sinceramente si no podríamos ser más prácticos como cristianos. El Apóstol Pablo en el libro de Filipenses nos insta a que “consideremos a nuestro prójimo más importante que a nosotros mismos”. En el libro de Mateo, Jesús nos enseña que debemos “amar a nuestros enemigos”. Pablo también en la primera carta los Corintios nos enseña que “el amor nunca busca lo suyo”. En el Profeta Jeremías en el capítulo 11, versículo 7 dice que “debemos procurar la paz de la ciudad en que vivimos y rogar a Dios por ella, porque en la paz de la ciudad nosotros tendremos paz.” En otra parte de la Biblia, en II Crónicas 7:14, es como que Dios nos habla a todos los que en El creemos y nos dice que la sanidad de nuestras tierras depende de nuestra humildad, nuestra oración y arrepentimiento de nuestros malos caminos. Dios está dispuesto a sanar la tierra, depende de nosotros hacer nuestra parte. Dios no le habla a los corruptos, ladrones y políticos que no lo conocen, le habla a los suyos.

Entonces, debemos amar a nuestra comunidad, ciudad y país con el amor que Dios nos tiene. Debemos nosotros mirarnos en ese espejo que nos muestra nuestros pecados y debemos entonces ir a los pies de Cristo y responder a la convicción del Espíritu Santo. Rogar a Dios que nos perdone y debemos arrepentirnos de nuestro mal camino que significa que ya no volvemos atrás. Dios es quien traerá el cambio en el corazón de las personas por medio de la forma que nosotros amemos a los demás. ¿Cómo van a creer que Dios es amor si no ven Su amor en nosotros? Nosotros somos los que debemos amarnos unos a otros como el nos ha amado, para que los demás crean.

Los cambios que duran en nuestras comunidades y en nuestros países se logran un corazón a la vez. Podemos crear leyes, votar candidatos y quién sabe, ganar o perder batallas, pero la verdad es que si no hay un cambio de corazón no va a ver un cambio que dure, y la única forma de cambiar corazones es con amor.

Dios quiera que juntos podamos demostrarle a toda la humanidad que Dios es amor y que solo en Su justicia tendremos paz en nuestros corazones, comunidades y en nuestros países.

“El efecto de la justicia será paz; el resultado de la justicia será tranquilidad y seguridad para siempre.” Isaías 32:17. “Jesús es el Príncipe de PAZ” Isaías 9:6

Lo que me gustaría pensar es que si Jónas hubiese confesado su pecado y arrepentido de su mal camino entonces Dios no tendría que haber enviado una tormenta ni un pez, sino que se hubiera vivido la alegría en Nínive mucho antes.

Dios nos guíe a confesar nuestros pecados y arrepentirnos de nuestros malos caminos.

 

Pr. David Balyeat

Presidente de No Más Violencia Internacional

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